Revista 014 - Una entrevista con May Rojas

May Rojas es carpintera, artesana y educadora con una profunda vocación por el material y un compromiso con el cambio social dentro del oficio. Actualmente, May combina el trabajo en su propio taller con la docencia, dedicándose a transmitir el oficio a las nuevas generaciones. Es una firme defensora de la mujer en el sector y colabora con SURU para defender una manufactura local, circular y honesta. Es la artesana que fabrica la Niu Armchair 001 y el Niu Stool 002.

Entrevista en català.
Interview in english.

SURU. ¿Cómo descubriste tu vocación por la carpintería y la artesanía?

May Rojas. Ya desde muy pequeña, todo aquello que se podía manipular me atraía especialmente. De hecho, siempre ha sido esa parcela donde he destacado, supongo porque disfrutaba muchísimo de esos momentos de libertad dentro de la institución encorsetada donde crecíamos e intentábamos descubrir cuáles eran nuestras habilidades: la escuela tradicional, que uniformizaba nuestros ritmos y capacidades impunemente; que más que despertar curiosidades y reforzar aquello que nos hacía sentir valiosos y libres, nos remarcaba todo aquello que no hacíamos como el "resto".

Ya de adulta, después de terminar la universidad, estudié cerámica artística. Un material tan plástico y con tantas posibilidades... me encantaba, pero representaba muchos retos económicos, porque los procesos son muy costosos y, además, existía la dificultad de almacenar adecuadamente las piezas y comercializarlas a un precio digno. Al cabo de un tiempo empecé, como muchas, a acercarme a la madera por una cuestión de autogestión, de cubrir necesidades propias a bajo coste sin hacer más ricos a los suecos de las letras grandes y amarillas.

La madera te permite, con pocas herramientas y poco espacio, tener un taller donde poder hacer trabajos a nivel aficionado pero también de gran calidad. Al principio era una afición, que despertaba aquello que todas tenemos: la necesidad de crear, de transformar la materia con nuestras manos. Rápidamente me di cuenta de que necesitaba descubrir una manera de trabajar con más seguridad, utilizando los materiales adecuados para cada proyecto y acortando el tiempo de los mecanizados. La formación profesional fue la puerta de entrada a un oficio inagotable donde, cada vez que sabes más, te sientes más aprendiz. Siempre una paradoja, pero quien vive su pasión con dedicación seguro que me entiende.

SURU. ¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo en el taller?

M.R. ¡Olvidarme de todo! En el taller, cuando estoy yo sola, se para el mundo. Las manos no paran y el cerebro tampoco, pero no existen las preocupaciones; es como cuando estás ante un paisaje precioso, después de horas caminando para llegar: no piensas en nada, solo ESTÁS ALLÍ, ERES, y te sientes superagradecida con la vida.

Como paso muchas horas en la escuela dando clases en el taller de allí y corriendo con la vida en general, las horas en mi taller son... disfrutar de la cima. Es mi premio: el espacio para reencontrar mi yo, para descubrir la dualidad de la madera: tan delicada y tosca a la vez; como nuestro yo interior. Si nos paramos a pensarlo, nos parecemos a los árboles más de lo que creemos, pero hemos olvidado nuestra conexión con la naturaleza.

SURU. ¿Crees que el trabajo artesanal aporta un valor diferencial en el proceso de fabricación de muebles y objetos?

M.R. Inevitablemente, el primer valor diferencial es el precio final del producto. Un pequeño taller con costes fijos elevados que trabaja con buenos materiales no puede competir con un mueble hecho en serie. Pero tampoco quiere hacerlo, y estoy de acuerdo. Esto, sin embargo, hace que no sean accesibles para todo el mundo en el actual sistema de producción. La cultura de comprar menos y de buena calidad ha menguado ante todo lo inmediato y efímero. Aun así, todavía quedan personas que valoran el material, que disfrutan tocando la madera y sabiendo quién ha sudado y ha disfrutado a partes iguales transformando el tronco (aquella madera tosca sin trabajar) en una pieza única (delicada y duradera).

La segunda diferenciación del trabajo artesano es esta: la autenticidad, la singularidad... la capacidad de imprimirle algo personal. Atender una necesidad concreta y darle una respuesta. Crear un diálogo con los clientes que nos aporta a ambas partes un gran conocimiento. Esto es intangible y es la parte más valiosa, ya que genera vínculos con la pieza final y ya no se trata de una categoría (una mesa, una silla...), sino que pasa a ser nuestra mesa, aquella que deseamos que nos trascienda y forme parte del hogar de alguien querido en un futuro.

La artesanía es un retorno al respeto por la naturaleza y por el ser humano. Los bosques son el legado de nuestros antepasados, y las piezas que elaboramos con esta madera se deberían concebir con la voluntad de trascender en el tiempo lo máximo posible. Tenemos una deuda tan grande con el medio, que la opción de producir en pequeño y respetando el material y las personas ya no es una opción: es la única opción.

SURU. ¿Qué influencias o referentes tienes dentro del mundo de la artesanía?

M.R. En Europa tenemos grandes ebanistas, ya que hay una cultura muy arraigada de cuidar el oficio y una autoestima muy alta por parte de los carpinteros y de los cabinet makers. Aquí se reduce porque la demanda es menos intensa y la Cataluña de los talleres y de los oficios no se ha protegido. Sin embargo, todos aquellos artistas que vivían la ebanistería y la carpintería desde una vertiente más humanista me entusiasmaban.

En Estados Unidos, el grupo religioso Shaker fue creador de piezas increíbles por su honestidad, simplicidad, conocimiento del material, delicadeza final y... todo ello con la utilización de la cantidad justa de material necesaria. Dieron lugar a piezas minimalistas de gran belleza y excelente calidad. Sin duda, estas piezas son para mí un gran referente.

Por otro lado, aunque parezca un extremo opuesto, los artistas modernistas son siempre una inspiración: William Morris, Ruskin, Victor Horta, Mackintosh... ¡Gaspar Homar! Si pudiera escoger un viaje con una máquina del tiempo, seguro que me transportaría a su taller. Tienen todas las cualidades del mobiliario Shaker, pero ellos se mimetizan con la naturaleza y recrean sus formas. Ahora pensaríamos que es demasiado decorativo, y yo también lo creo, pero... somos mediterráneos desconectados de nuestro rico y amable entorno natural. Vivimos rodeados de hormigón duro, recto, muerto; necesitamos esa fluidez de líneas, la calidez de la madera, un poco de amabilidad y ternura en nuestro hogar siempre es necesaria.

SURU. ¿Cómo ves el futuro de la artesanía en Barcelona?

M.R. Vivo y respetado. Hay profesionales en Cataluña trabajando con un nivel de exigencia altísimo para que así sea. La limitación del precio final del producto hace que se reduzca a un bien de lujo; si no hacemos fuerza hacia un cambio de paradigma, esta tendencia solo hará que consolidar las únicas dos opciones posibles: la fabricación en serie, donde predominan los bajos costes, y las piezas artesanales únicas e inaccesibles para la mayoría. Debe existir la posibilidad de seguir produciendo piezas de calidad de manera artesanal y que no sea una utopía reservada a un grupo selecto de profesionales y de clientes.

SURU. ¿Cómo es ser mujer en un oficio tradicionalmente masculinizado como la carpintería?

M.R. Pues es como la mayoría de cosas que te propongas hacer en la vida: más difícil, solo por el hecho de ser mujer. Y todavía más difícil si, además de mujer, fuera racializada. Me explico: las teorías sociológicas lo explican mejor que yo, pero... todo es más "fácil", más "accesible" si eres hombre blanco y heteronormativo. Debajo de esta tipología están todos los otros "peldaños". Y quien diga que esto no es cierto, es porque ha tenido mucha suerte en la vida y todavía ha vivido poco.

Las mujeres tenemos más dificultades, en general, para enfocarnos en nuestra carrera profesional, porque a la vez que trabajamos nos estamos justificando, estamos velando por otras personas... Si a esto le añades que en los sectores masculinizados no tenemos referentes ni compañeras, son frenos que hacen que la tendencia no cambie. ¡Pero sí que está cambiando! La educación, la visibilidad, la sororidad, la conectividad... sumadas al hecho de que somos seres con una esencia fuerte y valiente (porque lo somos históricamente, aunque parezca que solo interesa explicar según qué aspectos), hacen que las mujeres que descubren su pasión, si les ha tocado sortear muchos obstáculos antes, lo hagan destacando, aprendiendo rápido y compartiendo para crear comunidad. Porque siempre hemos sido creadoras, y esta conexión la mantenemos más viva que los hombres.

La esperanza última es que llegue el día en que este tipo de preguntas ya no se planteen, porque el constructo hombre/mujer sea obsoleto y cada una de nosotras haya recuperado su esencia única.

SURU. ¿Qué barreras estructurales encuentran hoy en día las mujeres para acceder y consolidarse en oficios como la carpintería?

M.R. Creo que queda bastante claro en la respuesta anterior. Referentes cercanos: ¿una tía carpintera? ¿Una vecina? ¿Una abuela?!? El día que encontremos una chica que se apunte a la Formación Profesional —como nosotras, que tenemos pocas, pero tenemos— y diga que ella quiere ser carpintera como su abuela... eso querrá decir que la rueda ya empieza a dar frutos.

Es un proceso lento, porque las barreras estructurales penetran hasta nuestro inconsciente y hacen que este tipo de profesiones no existan en nuestras proyecciones de futuro cuando somos jóvenes. No hace falta que nadie te diga que no puedes ser carpintera; pero sí hace falta que te digan que SÍ PUEDES serlo. En esto yo me esfuerzo mucho, pienso que es vital para romper las barreras invisibles que encadenan género y profesión.

SURU. ¿Qué valores de SURU se alinean con tu manera de trabajar como carpintera artesana?

M.R. SURU es sinónimo de respeto y honestidad. Es una relación entre profesionales de igual valor que trabajamos para crear la posibilidad de que el cliente tenga una pieza de calidad en su casa sin ser millonario. Es aquella posibilidad que anteriormente mencionaba y que no podía desaparecer, y que se encuentra entre el proceso industrial y el artículo de lujo. Es la dignidad hacia las diseñadoras, las carpinteras, el material... y especialmente hacia el medio ambiente, aquello que es de todas y que nadie protege, mientras el capital no para de acortar.

SURU. ¿Cómo valoras el hecho de que SURU apueste por la producción local, circular y artesanal?

M.R. Que SURU respire en Barcelona no es casualidad. La colectividad es un valor histórico de nuestra ciudad. Si bien la presión es cada vez mayor y nos empuja cada vez más lejos, relegando a Barcelona y alrededores los derechos de vivir allí donde tenemos casa, el hecho de que SURU esté aquí y haga de bisagra entre clientes y artesanos es muy esperanzador. La ciudad es líder en un movimiento alternativo que apuesta por una economía circular, y uno de los engranajes de este motor de cambio son proyectos como este. Es un "guante" que los artesanos cogemos agradecidos, ya que nos permite mantenernos conectados al barrio, al entorno, y vivir dignamente del proceso de transformación, poniendo en valor un oficio que quieren hacer desaparecer de los barrios.

Nos quieren en los polígonos industriales (que, en parte, son inaccesibles para los pequeños artesanos), desconectados y disgregados. Pero queremos que vuelva a haber carpinteros de barrio, sastrerías, zapateros... porque son los que te abren la puerta, te escuchan y te dan soluciones. Quizás no te regalan un lápiz en la entrada, pero te fabricarán un mueble único que podrá conocer diversas generaciones.

SURU. Por último, ¿qué objetivo te gustaría alcanzar en los próximos años en este sector?

M.R. Quiero seguir aprendiendo. Como maestra de carpintería, primero de todo seguir esforzándome, no desconectar de las generaciones que cada vez parecen más jóvenes... ¡pero claro, no es así! ¡Es que yo cada vez soy más mayor!

Si se da la conexión, fluye la confianza, y ellas suelen ser las protagonistas de su proceso de aprendizaje. Nosotras somos solo un vehículo, temporal y necesario. Es una gran responsabilidad que consoliden aspectos clave del oficio. Y a partir de aquí, que encuentren su camino y continúen aprendiendo. Lo mismo que hago yo: con cada encargo aprendo un poco más y me doy cuenta de que todavía queda mucho por descubrir.

Quiero ser una hormiguita que, al final de cada jornada, se vaya a dormir con una sonrisa, sin haber pisado a nadie, sin tener deudas con nadie, y aportando un poco de humanidad al sector y sensibilidad a la madera.